DESPEDIDA

Hola a todos,

Hace hoy exactamente dos años publiqué mi primer post en este blog. Desde entonces hemos vivido en mi familia muchos cambios, y seguramente vosotros también.

Mientras he ido escribiendo, he ido descubriendo gente maravillosa, historias sorprendentes y admirables, y me alegro mucho porque aprender y conocer son mis motores personales para ir disfrutando por la vida. Solo puedo pensar en cosas positivas como resultado de estos pocos artículos que escribí.

Ahora es el momento para mí de cerrar página y de iniciar otro proyecto. Este blog ha sido una manera de lanzar al universo todo lo que tenía en las tripas relacionado con el mundo del TDAH. Y me alegra profundamente ver que a lo largo de estos dos años, han surgido numerosísimas páginas y blogs con proyectos parecidos al mío donde muchos han querido compartir sus vivencias particulares. Este es uno de los beneficios de las redes sociales, a mi parecer. Nos ayudamos entre todos, nos escuchamos/leemos, nos apoyamos.

Ha surgido el movimiento del Día Mundial de la Concienciación del TDAH, liderado por María Elena Podio, a quien hay que agradecer de forma explícita su iniciativa, tesón y entusiasmo. He visto que muchas de las asociaciones relacionadas con el mundo TDAH han evolucionado a pasos de gigante en cuanto a sus actividades y soporte a las familias afectadas. Y he podido conocer a madres que, como yo, se han puesto en marcha, para contribuir, de alguna manera, a que este trastorno sea más llevadero. Me quito el sombrero. Y me hace una ilusión muy especial saber que yo estuve incluida en todo ello.

Ayer estuve en el séptimo Congreso que la fundación Lo Que De Verdad Importa  organizó en Madrid. Son congresos de Valores para jóvenes a partir de segundo de bachillerato. Hubo cuatro ponentes excepcionales (Lucía Lantero, Irene Villa, María Belón, y Emmanuel Kelly). Mientras les escuchaba hablar de sus vidas, de los retos que habían tenido que afrontar y de las estrategias que habían desarrollado para superarlos, me quedé con la imagen visual del Tsunami que arrolló la vida de María. Ella no dejaba de decir que todos tenemos en nuestras vidas nuestros tsunamis particulares y que solo depende de nosotros el decidir cómo vivirlos.

El TDAH, como tantos otros trastornos/enfermedades, es el nuestro: llega sin avisar, y mientras parece que nos estamos ahogando, surgen la angustia, la asfixia y el dolor. No controlamos nada. ¿Y cuantas veces hemos sentido la tentación de decir ‘no puedo más’?Yo muchísimas. Pero al instante surge también el pensamiento de ‘SI puedes, un poquito más’. Así es como he comprendido que los grandes cambios se hacen de muy poquito a muy poquito. Y todos estamos implicados en hacer consciente a la Sociedad de que el TDAH existe, es real, nos afecta a prácticamente todos; y en conseguir la aceptación general y la adecuación necesaria para que nuestros niños convivan con el trastorno sin tantas barreras.

Os agradezco de corazón vuestro soporte. Y no dudeis en contactarme si lo necesitais.

Un abrazo enorme.

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COM-PASION

Hola a todos,

Hoy os quiero hablar de la compasión. Y empiezo con una pregunta (espero que poderosa, ya vimos en el post anterior lo que significa): ¿realmente comprendemos y nos preocupamos por las personas que están en nuestra misma situación (en este caso, padres de un niño o niña con TDAH) o tendemos a pensar que nuestro caso SI que es digno de atención por parte de los demás?

 Esta es una pregunta que yo me he hecho muchas veces porque, sinceramente, cuando el TDAH aparece en tu vida, te pilla muy desprevenida y piensas que vas a penar más que nadie (y, más tarde, cuando la calma se apodera de ti, te das cuenta que llevas viviendo con el TDAH muchos años, ya que muy probablemente, tú también lo tenías).

Y un día, asistes a un congreso y escuchas a una madre que dice: ‘Yo tengo 6 hijos, 3 con TDAH y un down’. Todavía me acuerdo de ese momento: fue como una fogonazo, como un latigazo en los que pensé ‘pero como puedo estar pensando sólo en mí!!!’

 Y esa frase fue uno de los disparadores para que yo me lanzar a escribir en este blog, con el propósito de hacer sentir a muchos que les entiendo y que les intento comprender. Porque me doy cuenta de que me importan de verdad, y me solidarizo con las penas ajenas, también de personas a quien no conozco.

 Yo me he sentido muy sola, y eso ha hecho en varias ocasiones, que mis preocupaciones empeoraran más aún. Muchas veces pensé que nadie me comprendía ni se preocupaba por mí. Y me habría venido muy bien una manita, de cualquiera de las maneras. La forma que encontré yo para echar una mano fue escribiendo y publicando. No tengo mucho tiempo para más, pero es mi granito de arena y me he sentido bien al hacerlo.

 Yo os animaría a que estrecharais lazos con los padres que están es nuestra situación y que acaban de llegar a este mundo frenético. Que compartamos experiencias que a lo mejor ya nos parecen anodinas a nosotros pero resultan muy ilustrativas para ellos. Que les escuchemos atentamente y nos esforcemos por comprender su realidad. Yo he descubierto muchas cosas actuando así (nuevas asociaciones, nuevas técnicas, personas maravillosas, expertos entregados…). Al fin y al cabo es nuestro día a día y lo tenemos que cuidar!!

 Feliz puente a todos!

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CALMA, CALMA

Un verano que ha pasado demasiado deprisa (pocos días de vacaciones pero muy intensos), la vuelta a los exámenes de Septiembre (todo lo pendiente aprobado!!), la suerte de conseguir una plaza en el instituto más cercano de casa, todo sigue su curso en nuestra familia… Espero también que todo haya ido según vuestros deseos para todos vosotros.

Hoy quisiera hablar de la necesidad que tenemos los padres (y nuestros retoños también) de mantenernos tranquilos ante los comportamientos tan ocurrentes de nuestros queridos hijos que tienen TDAH. A mi me pasa que a veces tengo un resorte que me hace reaccionar demasiado deprisa (y por supuesto, no de la mejor manera). Asi que dejadme que os proponga un reto: ¿seríamos capaces de movernos desde el mundo de las respuestas en el que vivimos (esto es asi… no sigas que te dolerá…  no es posible… esto ya me lo conozco…), y bastante deprimente por cierto, al mundo de las preguntas que nos ayudan a explorar más allá.?

En coaching estas preguntas las denominamos poderosas porque suelen tener las siguientes características: están orientadas a la acción, dirigen la mente hacia el futuro, preguntan qué, para qué y cómo, pero nunca por qué, están orientadas hacia la meta y sobre todo contienen presuposiciones poderosas: en nuestro caso, que NUESTROS HIJOS SON VALIOSOS Y QUE PUEDEN CONSEGUIR LO QUE SE PROPONGAN.

Por si no queda claro, la intención con la que hacemos las preguntas ha de ser positiva, con cariño y respeto.

Os paso unos ejemplos para que podaís practicar desde ahora mismo, pero sentiros libres de ir creando aquellas que os parezcan más adecuadas en función de situaciones, personas, relaciones…todo aquello que se mueva en su mundo, para que este se expanda y florezcan posibilidades nuevas:

1.- ¿Qué piensas de lo que acabas de ver? ¿Tú que habrías hecho?

2.- ¿Qué necesitas para tener tu cuarto ordenado? (hum! Esta pregunta, recordad, en tono cariñoso…el reto aquí es encontrar el momento adecuado, ¿verdad?)

3.- ¿Qué formas propones tú para llevarte mejor con tus hermanos?

4.- ¿Cómo te sentirás cuando veas que lo has conseguido? (aprobar un examen, terminar de leer un libro, acabar el plato…)

5.- ¿Qué otro plan nos podrías proponer para la salida del domingo?

6.- ¿Cuál es para ti la parte más difícil de todo esto?

7.- ¿Qué es lo que más te preocupa?

8.- ¿Qué es lo que más te confunde?

9.- ¿Qué es lo que tienes más claro?

Como vereis, estas preguntas son abiertas (las cerradas son aquellas a las que solo se les pueden responder con un SI o con un NO), es decir abren la oportunidad de entablar un dialogo con nuestros hijos. Si lo conseguimos, seremos capaces de entender lo que les mueve, su forma de razonamiento, y esto, con el tiempo nos ayudará a mantener la calma. No es que estemos de acuerdo, no es que no sintamos las ganas irrefrenables de lanzarles un grito para zanjar cualquier asunto, es que estamos construyendo personas y esto requiere calma y confianza.

Ofrezcamos un silencio receptivo para que nos cuenten su historia completa. Ayudemosles a vaciar todo lo que tienen dentro. ¿Para que? Para que practiquen la verbalización de lo que les ocurre. Esto les ayuda en su maduración, en crear sus puntos de referencia, en conocerse mejor a ellos mismos.

Es esencial que cuando escuchamos, resistamos la terrible necesidad de proponer la ‘respuesta correcta’. Frenemos nuestros impulsos, estamos con ellos para ellos.

¿Por donde vas a empezar? ¿Qué tipo de tema prefieres abordar? ¿Cómo te sentirás cuando tu hijo haya compartido contigo de verdad?

Feliz otoño para todos!!

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EXAMEN DE CONCIENCIA

Hola a todos,

No sé si será porque me siento agotada a finales de este mes, yo que imaginaba que podría bajar el frenético ritmo del mes pasado.

No sé si será porque llevo unos días ya de vacaciones y sin embargo no me siento en vacaciones.

O porque esta semana mi familia se vuelve a reunir después de varias semanas de separación y esto me alegra muchísimo, aunque me estoy estresando ahora mismo mientras escribo: no me gusta cocinar y me cuesta mucho retomar la rutina.

Lo cierto es que aunque me digo y repito que tengo que relajarme y desacelerar (¿o será desacelerar y relajarme?), veo que no me escucho a mi misma: ni me relajo ni desacelero.

¿Será que soy una ‘intra-TDAH’? Perdonad el término pero no sé expresarlo de otro modo: si no nos escuchamos a nosotros mismos, somos como unos TDAH’s internos, ¿no?

Fuera de bromas, esto puede ser perturbador cuando no conseguimos aislarnos con nuestros pensamientos, serenarnos lo suficiente como para escuchar lo que nos están diciendo nuestro corazón, nuestro cuerpo y nuestra mente, y ver que no les hacemos ni caso.

¿Qué será aquello que puede más que nosotros mismos?

Tal vez nuestra cultura occidental que mide el tiempo de forma lineal y nos dice que el tiempo que no ocupas o usas, lo pierdes. (En las culturas orientales, el tiempo es visto como circular, y vuelve, a su ritmo).

O también puede ser que nuestro concepto latino de ambición se mal entienda y nos empuja a hacer demasiadas cosas en nuestra búsqueda constante de ‘éxito’ y ‘reconocimiento’ de los demás (en términos anglosajones, la palabra ambición se refiere más a saber lo que uno quiere y cómo lo quiere).

¿Realmente no somos capaces de reconocer nuestros éxitos íntimamente? Para mí esto es clave, sobre todo desde que entendí la diferencia entre las palabras ‘urgente’ e ‘importante’ que describía S. Covey en su libro ‘Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva’.

Resulta que si analizamos la lista de tareas que hacemos a lo largo del día y las separamos entre las que son urgentes y las que son importantes, resulta que las primeras lo son por exigencias de los demás, mientras que las segundas, bastantes menos numerosas, probablemente además más sencillas en la práctica de realizar, y de entender, no las hacemos. No sabemos darnos nuestra importancia.

Asi que me preguntaría:

–          ¿cómo voy a ser capaz de ralentizar mi vida para saborearla más y darle prioridad a lo que de verdad es importante para mí?

–          ¿cómo voy a mantener un equilibrio y una serenidad cuando mi entorno me pide que vaya cada vez más deprisa?

–          ¿cómo voy a hablar con mi hijo con TDAH, cómo enseñarle, si yo misma tengo ese problema?

Si os puedo decir lo que a mí me funciona: cuando puedo (dos o tres veces al año) , me aíslo unos cuantos días en la sierra y vuelvo como nueva. Rezar en una iglesia me viene de perlas también. Viajar a algún sitio que desconozco y delegar la organización del viaje a otra persona (que me conoce bien) es fantástico.

Y que me voy ahora unos días al extranjero y no pienso conectarme!!!

Disfrutad este mes!!

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Por cierto…MUCHAS GRACIAS

Hola a todos,

Ya se acaba este mes de Junio, un mes agotador emocionalmente porque corresponde a los exámenes finales, y porque también es cierre mensual, trimestral y semestral en varias empresas…

Ya sé que para algunos mi comentario sobre valores de este mes os puede extrañar un poco, porque ya practicais lo que voy a comentar, pero me sale del corazón y me gustaría que lo entendierais.

En este post me gustaría hablar de la gratitud. Y de la gratitud con calidez. Me explico:

Siendo padres de niños con TDAH, probablemente no nos hayamos dado cuenta de que hemos dejado de hacer cosas que antes sí hacíamos con regularidad y naturalidad.

Nuestras conversaciones con nuestros distintos entornos, como por ejemplo el colegio (donde ‘conversamos’ con el maestro, la profesora, la orientadora, el tutor, el director, la secretaria), la familia (incluyo la extensa, la que incluye a la cuñada comprensiva, a la prima super positiva y a los demás diciendo que estás educando fatal a tu hijo), los amigos (que ya no quedan tanto en plan familiar y todavía no entiendes muy bien porqué), los vecinos (con sus otras tantas preocupaciones), las personas de Sanidad…bueno, pues estas conversaciones dejan bastante que desear, ¿verdad?. Yo particularmente me siento pequeña ante las incomprensiones, los rechazos de muchos.

Llevo varios años, muchos años, hablando con numerosas personas que conviven de alguna u otra manera alrededor del TDAH. Y entre nosotros nos ayudamos, y de forma magnífica. Además, hubo muchas otras personas que me brindaron su apoyo, tuvieron un gesto, me sonrieron mirándome a los ojos, me escucharon sin decir palabra. Yo las recuerdo de vez en cuando, pero no me acuerdo de si les dí las gracias. Y creo que me falta hacerlo. No puedo echar marcha atrás más de 15 años y buscarles a todos, pero este es un pequeño homenaje a los que no dudaron en transmitirme un ‘YO, CONTIGO’: el camarero que limpia amablemente por tercera vez la mesa cuando el niñito ya la ha manchado 3 veces; la madre en la consulta que te pasa un pañal porque te lo has dejado todo en casa; el chófer de la ruta que bastante a menudo te espera para llevar a uno que se ha levantado con todo su cuerpo, no solamente el pié, a la izquierda; la profesora que te convoca fuera del protocolo escolar para decirte que tu hijo sufre y que hay que hacer algo; la vecina un poco suicida que te asegura que ha pasado una tarde encantadora con él y sus propios hijos, aquella tarde que te permitiste darte un respiro porque ya no sabías que hacer; el entrenador de baloncesto que te mira compasivo pero te asegura que le puedes llevar cuando quieras; el profesor de natación que te dice ‘pero si tu hijo es un fenómeno, llegará donde quiera’ y tu lo dudas, ya que en el 99% de los casos hace puro teatro para no tener que acabar las rutinas; la adolescente que se despide y te dice :’es muy simpático’ y tú no sabes que responder (aunque ya lo sabías, por supuesto que mi hijo es muy simpático, pero no te esperas una reacción así).

Pues en las épocas de cierre en las empresas, también hay gestos de ayuda, de apoyo, de acompañamiento que casi ni vemos porque estamos sumergidos en la vorágine, las prisas y la presión. Pero cuando los malos ratos acaban, hay que mirar hacia atrás y agradecer todos aquellos detalles que nos brindaron.

Ser agradecido es dar las gracias por las cosas especiales que nos vienen. Y ahí está la clave para mí: darnos cuenta de que todo lo que los demás hacen por nosotros son cosas especiales. Y yo soy feliz cuando doy las gracias a alguien porque siento que estoy en sintonía con esa persona, y eso me gusta y además me hace ser más optimista.

Asi que identifiquemos a esas personas que nos brindan lo que no nos esperamos y no dudemos en darles las gracias. Se lo merecen. Nos lo merecemos.

Feliz verano para todos y gracias por seguirme!

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¿Me aceptas?…¡POR SUPUESTO! ¡TE QUIERO!

En una de mis últimas sesiones de coaching grupal, tuvimos un gran debate acerca del significado de la palabra ACEPTACION.

Yo, como coach, había introducido la distinción entre la palabra ACEPTACION y la palabra TOLERANCIA y ello provocó grandes discusiones, de índole político, religioso, social…Trabajo en un entorno donde se relacionan unas 50 nacionalidades, un entorno muy propicio para el tema.

Más tarde en casa, y a raíz de los comentarios que surgieron, me puse a analizar cual era mi relación de fondo con mis hijos, y en particular con el que tiene TDAH. Ya sabeis, estos niños que nos sacan de nuestras casillas en microsegundos, que a menudo proponen cosas o tienen ideas aparentemente disparatadas y sin sentido, que nos perturban nuestros horarios sin miramiento alguno, que no suelen escuchar y obedecer…y que defendemos a capa y espada porque son nuestros hijos, porque los queremos.

Por lo pronto, os diré que en la Real Academia de la Lengua Española, ACEPTAR es ‘aprobar, dar por bueno’, y TOLERAR es ‘permitir algo que no se tiene por lícito’. Así, como quien no quiere la cosa, os pediría que durante una semanita, os observarais e identificarais cuantas veces usais cada una de estas dos acepciones.

Y es importante que seamos conscientes de cuanto vivimos con estas dos palabras porque tienen connotaciones muy distintas. Cuando yo tolero, estoy siendo indulgente contigo, te hago un favor. Porque realmente considero que soy yo quien tiene razón y decido que voy a tolerar tu opinión o tu comportamiento. Y además, soy capaz de poner mis límites de tolerancia.

Pero la aceptación es harina de otro costal. Cuando yo te acepto, NO HAY LIMITES. Mis opiniones no están por encima de las tuyas, te identifico y reconozco como alguien distinto a mi, y puedo tener una relación contigo desde el respeto y la igualdad.

Si traslado esto al mundo del liderazgo, opino que cuanta más experiencia tenga y auto-liderazgo muestre una persona, más fácil le será vivir en el mundo de la aceptación.

Y nosotros, ¿los padres de niños con TDAH? ¿Que decidimos? ¿Vivir y establecer una relación de tolerancia o una de aceptación? Yo quiero vivir en la aceptación pero me cuesta y bastante. Y estos son los truquillos que he visto que me funcionan para pasar de la tolerancia a la aceptación en mis relaciones con las personas que amo.

El primero es pensar en ser flexible, para tener tiempo de distinguir lo que es importante de lo que no lo es. A veces, puedo reaccionar demasiado rápido, pero siendo flexible, reconozco donde tengo que invertir de verdad mis energías.

El segundo es practicar la paciencia (ver mi post https://florpedrola.wordpress.com/2012/12/27/bendita-paciencia/). Esta virtud permite identificar las diferencias con los unos y los otros, convivir con ellas y terminar aceptándolas.

La flexibilidad y la paciencia me han ayudado mucho: cuando yo me observaba en casa me dí cuenta que usaba mucho las dos palabras PERO solo de forma negativa!!! ‘Es inaceptable que no cumplas con lo que acabas de prometer’ y/o ‘en esta casa no se tolera el desorden’.

Y ese fue el revulsivo que me impulsó a cambiar.

La palabra ACEPTACION me parece maravillosa. Ultimamente me resulta hasta inspiradora. Me impulsa a moverme desde el mundo de las respuestas (y mira por donde, negativas en mi uso diario) al mundo de las preguntas (¿Qué le ocurrirá para reaccionar así? ¿Tan importante es esto para él? ¿Qué puedo hacer que le resulte de ayuda?) Y de repente, se abren posibilidades nuevas y caminos nuevos para él y para mí. Pero lo mejor de todo: siento cómo mi corazón se hincha y soy feliz.

Os animo a que empeceis a observaros y decidais lo que quereis hacer.

Y no nos olvidemos de algo muy importante: ¿cómo nos miramos a nosotros mismos? ¿Nos aceptamos? ¿Somos conscientes de todos nuestros recursos propios a nuestra disposición y nos movemos por el mundo con autenticidad?

Feliz fin de semana!!

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Pero…¿que te ocurre? ESTOY ALEGRE

Queridos amigos,

Nos vamos acercando ya a la recta final del curso escolar…para mi, particularmente, un calvario. Es un periodo en el que se mezclan en mi cabeza y en mi corazón todo tipo de emociones, sentimientos y pensamientos. Me convierto en un carrusel emocional.

Y es que los que somos padres de niños con TDAH, sabemos que esta época de exámenes es particularmente dura, tanto para ellos como para nosotros. Para ellos porque se vuelven a enfrentar con la angustia de sentirse examinados, con la imperiosa necesidad de frenar el pánico que les produce el fracaso, con la incertidumbre sobre su futuro (verano, recuperaciones en Septiembre…)

Y para nosotros, por supuesto, también, por diversos motivos que no hace falta que señale, verdad?

¿Cómo podemos mantenernos estables emocionalmente ante esta situación? Esta vez se me ocurre que tiremos de la Alegría. Y os explico porqué:

La Alegría es una virtud, un valor, que nos dá alas. En nuestros momentos alegres, nuestra fuerza es más vital, nuestra inteligencia más sutil, y nuestra comprensión menos nublada. Nos sentimos más capacitados para enfrentarnos con lo que nos ocurre y para maniobrar en nuestra esfera de influencia.

La Alegría no es diversión. Esta tiene que ver con lo que sucede al exterior, mientras que aquella procede de nuestro interior. Nos reconocemos como personas alegres cuando hacemos lo que sabemos que es justo (¿sabemos identificar cuando nuestro hijo está alegre?).

Si uno mira en su interior y encuentra alegría, cualquier trabajo o tarea puede convertirse en una buena experiencia. La alegría es la sensación interna que nos hace capaces de remontar los momentos difíciles, aunque nos sintamos muy tristes. Esto es muy importante de analizar: cuando nuestros niños están alegres, probablemente es porque intuyen ‘que todo está bien’, pero no creo que sean capaces, de forma consciente, de definir que están alegres.

Sin embargo, nosotros los adultos, tenemos que decidir si queremos estar alegres y buscar bien en nuestro interior para que aflore este valor y nos ayude en nuestro día a día.

Vuelvo a remarcar (una vez más…) la importancia de ser modelos para nuestros hijos y esta vez por el siguiente motivo: sin alegría interior, todos nuestros sentimientos vienen determinados por lo que nos ocurre. Es decir, podríamos sentir que vamos dando tumbos, reflejados en el dolor y el placer de los demás y a merced de cuanto ocurra a nuestro alrededor. Sin alegría, cuando la diversión cesa, también cesa nuestra felicidad. Sin alegria, la tristeza se vuelve cada vez más profunda.

No por ser alegres dejan de sucedernos cosas, unas buenas y otras malas. Pero eso si, si somos de talante alegre, en lo profundo de nosotros mismos permaneceremos en calma, serenos. Cuando nos ocurren cosas buenas, estamos contentos y los sentimientos de felicidad duran más. Cuando nos hieren, naturalmente nos sentimos tristes. Si recurrimos a la fuerza interior de la Alegría, la tristeza no se hace cada vez más mayor. Simplemente viene y se desvanece.

Podría seguir teorizando sobre la alegría…pero como conclusión personal os diría que la Alegría es esencial para mí: no quiero que cuando me ocurra algo que me hace daño, me sienta tan triste que no pueda aprender algo de ello, porque me he quedado estancada en mis pensamientos negativos (quizás inteligentes (jajaja!)…pero negativos!!).

Si nos enfocamos en nuestros hijos, sería bueno quizás que reforzáramos esos momentos en los que los sentimos alegres, conversar con ellos y hacerles ver (de formas distintas según sus edades, por supuesto) cómo se muestran cuando están alegres (su corporalidad), que palabras usan para expresarse (y que las usen más…), y su poder para contagiar alegría a los demás. Esto puede ser una ligera ayuda en su evolución, una caricia en su auto-estima, unos momentos de comunión familiar.

Viva la ALEGRIA!

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