Parece que no hacemos parte de la misma familia

Hoy estamos al final del mes de Marzo. Hoy tengo la esperanza de que la primavera nos aportará nuevas energías para seguir nuestro camino como padres de nuestros hijos tan especiales.

(Vuelvo de unos días de descanso en la sierra y he tenido tiempo para estar en silencio. Mis pensamientos han divagado un poco, como nó…y siempre termino muy optimista)

Me gustaría compartir con vosotros algo sobre lo que no he parado de pensar: la unidad (la familiar, con los amigos, con los colegas…). Asi, simple y llanamente, la Unidad.

Yo percibo que dá mucha potencia, y es creadora de una gran fuerza. No sólo porque como seres humanos necesitamos sentirnos pertenecientes a algún grupo o tribu (tal como lo llama Ken Robinson en su libro ‘El Elemento’) que nos haga sentir apoyados, comprendidos, que hacemos parte de algo. Sino porque también es la base desde la cual podemos lanzarnos a probar cosas nuevas.

Yo pienso que antes que nada, sentirse en Unidad requiere valorar al que tienes al lado, y todo lo que él aporta. Aunque no entendamos muy bien porqué piensa como piensa, o sabe lo que sabe. Si hacemos un símil musical, dos instrumentos tan distintos como uno de cuerda y un teclado solo demostrarán unidad cuando se respeten en ritmo, silencios, y voz cantante. Y todo esto requiere un largo entrenamiento…

Cuando me siento integrada en la Unidad, me esfuerzo en lograr armonía. El primer resultado será vivir en paz. Mediante el poder de la Unidad se pueden resolver conflictos, y/o descubrir una idea o solución nueva que satisfaga las necesidades de todos.

¿Estamos hablando de Paz, de Armonía, de Silencio? Esto es completamente incompatible con el mundo TDAH. Esto es lo que muchos pensareis. Yo también, de vez en cuando.

Pero propongo que lo veamos desde otro ángulo: si no hay unidad familiar, muchas veces el primer motivo es porque nos sentimos demasiado diferentes a nuestros hijos y nos asustan. Si, nos asustan. O nos producen sustos, si preferís verlo así…Que fácil es en ese momento hacernos daño los unos a los otros (sobre todo si nuestro hijo es desafiante); que sencillo hacerles sentir, aunque muy en el fondo no lo queramos así, que no nos importan (yo he oído esta queja demasiadas veces).

Lo cierto es que las diferencias no deberían de hacer daño. Cuando una familia, un grupo, se declaran unidos, sus integrantes no se muestran como calcos los unos de los otros, sino que, al contrario, nos damos cuenta de que son distintos todos, y aún así, se conocen bien y se apoyan.

Y nosotros, como padres de niños con un trastorno tan difícil de ver, de entender, de acompañar, ¿cómo nos aseguramos que conectamos y nos unimos con nuestros hijos? ¿Realmente es tan necesario? Os aseguro que sí, y mucho. Nosotros como líderes ‘familiares’ debemos crear espacios donde nuestros hijos se desarrollen plenamente y entiendan que son parte integrante de la Unidad, y que esa es la base para iniciar su propia vida. Si, bueno, pero yo no soy líder!!! Yo mando, que para eso es mi casa, o nó? Pues nó, no estoy de acuerdo.

Estoy convencida de que la unidad, la unión en la familia empieza por tener una imagen de la misma, completa y total. Y que de nosotros depende materializarla. Asi que empecemos primero por entender que todos somos líderes. Me gustaría que vierais este video (dura menos de 7 minutos. Para los que no entienden bien el inglés, abajo a la derecha de la imagen se pueden escoger los subtítulos en español).

Y ahora pensemos:

–  ¿Cómo puedo impactar de la manera más productiva en mis seres queridos?

–  ¿Cuál es la necesidad emocional que necesito cubrir cuando me dirijo a ellos? ¿Es válida? Yo identifico muchas veces en mí la necesidad de sentirme reconocida, y a veces no es una buena guía…

–   ¿Cómo les hago entender que mi lucha es por y para ellos?

–   ¿Tengo claro para qué?

–    ¿Sé expresarlo?

–    Y a ellos ¿les reconozco como diferentes?

–    ¿Cuál es la música que quiero de fondo en mi relación familiar? ¿Qué silencios tengo que respetar, qué ritmos tengo que aprender?

Uy! Que complicado! Si, pero que magnífica sensación, cuando después de un tiempo, nuestro cónyuge, nuestros hijos se sientan a nuestro lado y nos dicen: ‘Sabes, aquel día en que dijiste y/o hiciste… me dí cuenta que…y quería decírtelo. Resultó muy importante para mí’. Ahí es donde nos damos cuenta de que nuestros esfuerzos y nuestros propósitos valieron toda la pena del mundo. ¡A por ello!

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¿Más confianza? ¿Eres honrado?

No me gustaría crear demasiada polémica con el post de este mes, pero lo cierto es que le llevo dando vueltas al tema de la Honradez, como valor esencial que enseñar a nuestros hijos con TDAH (y a los que no padecen el trastorno también, claro, pero no es lo mismo…)

Ser honrado es ser digno de honra, es decir que se puede contar contigo. Si alguien te pide que hagas algo, y te pones a hacerlo (ay! ya empieza a doler este matiz, verdad? Cuantas veces les pedimos y que pocas se ponen a hacerlo…), lo vas a terminar lo mejor posible, aunque se haga muy cuesta arriba.

Las personas que practican la honradez son conocidas por su determinación, su formalidad y su veracidad. En otras palabras, cumplen con lo que dicen. Los demás sabrán que pueden confiar en ellas.

Tengo que confesar que muchas veces he pensado que los niños con TDAH no son honrados, porque no hacen lo que dicen. En la mayoría de los casos. Esta ha sido mi experiencia. Y me he visto convertirme poco a poco en una persona que dudaba, que vigilaba, que controlaba, y cada vez menos relajada. ¡Que angustia!

Para practicar la honradez, antes de adquirir un compromiso, tenemos que detenernos a pensar (¿detenerme?, ¿pensar? Pero si soy TDAH!!) para cerciorarnos de que es algo que queremos y podemos hacer. Seguiremos hacia delante porque es importante ser digno de la confianza de los demás.

¿Os suenan estas situaciones?

–          les pedimos el cambio cuando vuelven de hacer un recado y no se sabe donde ha ido a parar…

–          un familiar comparte un secreto y ellos no lo respetan, aún habiendo declarado que lo harán

–          prometen ayudar (si, ahora mismo, de verdad…) pero se distraen viendo la tele o leyendo un libro

Que complicado es hacerles ver que pueden decir ‘No me siento capaz y necesito que me lo vuelvas a explicar’ o ‘prefiero no hacerlo solo porque no me siento seguro de llegar hasta el final’, o ‘te importa recordármelo en 10 minutos, que habrán acabado los dibujos animados’. Complicado para ellos decírnoslo, complicado para nosotros recordar que no procesan igual nuestras peticiones y terminamos juzgándoles: ‘mentiroso, vago, incapaz…’

Y pasamos al estado de frustración, desánimo, exasperación…

Las neurociencias nos dicen que nuestro cerebro no está diseñado ni para mentir ni para engañar, pero que no soporta la incertidumbre. Es decir, que ante una situación que a los niños TDAH les provoca estrés o angustia (porque no entienden, no quieren o…), lo primero que contestarán es ‘SI, por supuesto’ porque para ellos es primordial quitarse esa sensación, y si además son impulsivos, son más rápidos todavía para contestar cualquier cosa…

Su prioridad es quitarse el estrés causado por la petición y huirán de ella como sea. No tienen tiempo de pensar que no son honrados, sino que han de escapar.

Para mi la honradez tiene que ver con la responsabilidad. En el mundo del coaching, decimos que tener responsabilidad es tener las habilidades necesarias para poder responder. Y nuestros hijos piensan en su fuero interno que no tienen las habilidades y por lo tanto evitan cualquier responsabilidad de una manera muy particular. Y su comportamiento huidizo es disfrazado por unas actitudes que se nos antojan poco sinceras, poco confiables.

Que podemos hacer? Yo creo que en este caso, no se trata tanto de hablar con ellos acerca de la honradez, que es buena, y es una virtud, un valor; sino de ayudarles a tomar conciencia de lo que está pasando por su cabeza en esos momentos (mediante relajación, un paseo, una charla…).

Recordemos que nuestros hijos TDAH’s viven exlusivamente el presente y no tienen INTENCION. Es decir van a verbalizar sin pensarlo lo que su circuito neuronal les ofrece como alternativa de escape. Por eso es bueno parar, esperar unos segundos, ofrecer tiempo al cerebro para que busque otras alternativas. Si no es así, SU verdad nos parecerá una mentira, y de las gordas. Y ya sabemos cómo podemos reaccionar nosotros…

Reconozco que este es un tema MUY delicado. Hablar acerca de ello no es sencillo pero como padres, tenemos que dar ejemplo y practicar delante de ellos. Por ejemplo, se me ocurre, si nos ofrecen un puesto nuevo, hagamos delante de ellos un análisis de los riesgos, las oportunidades y el proceso de deducción que nos permita decidir si lo cogemos o nó, y el compromiso que eso significa. Si nos piden un favor, enseñémosles como nos aseguramos que somos capaces de cumplir, revisando nuestras competencias y localizando gente que nos complemente si es necesario. Cuando tenemos conversaciones privadas con una persona, hacerles comprender la importancia de la discreción y lo importante que es para el otro respetar la intimidad.

Verán actitudes opuestas a las suyas. Escucharán palabras ‘raras’: decisión, compromiso, confianza, paz, tranquilidad, satisfacción y orgullo por el trabajo bien hecho…

Para eso estamos, para enseñarles a madurar como personas. ¿O no?

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Y tú ¿a que te dedicas?…a superarme todos los días

Son incontables las veces que sentimos las ganas de tirar la toalla, pero, milagrosamente (¿o no?), nos reponemos y tiramos para adelante.

A veces, porque no tenemos otra cosa mejor que hacer, otras, porque tenemos la inmensa suerte de contar con alguien que sabe ayudarnos a ver la luz, otras porque dentro de nosotros mismos, recuperamos el orgullo, el coraje, la energía que sean necesarios para seguir caminando.

De cualquiera de las maneras, terminamos superándonos a nosotros mismos. Aunque no os deis cuenta. Os recomiendo que de vez en cuando, echeis la vista atrás e identifiqueis aquellos momentos en que, contra cualquier pronóstico, fuisteis capaces de seguir, y seguir y seguir…

Este afán de superación es primordial para nuestros hijos con TDAH’s. Ellos son muy sensibles al error, a la burla de los demás, a la incomprensión. Pasan por demasiados momentos en los que lo que les pide el cuerpo es parar y no dar un paso más. Y cuando les vemos en esa actitud, se nos rompe el alma y no sabemos que hacer… ah no!!! Eso no nos lo podemos permitir!!! Os propongo que intentemos pasar a un estado consciente lo que supone adoptar un comportamiento de superación. Es vital para todos, pero sobre todo, para ellos mismos y cada uno de los miembros de la familia.

Tener afán de superación es esmerarse por hacer las cosas lo mejor posible. No se trata de superar a nadie, sino de llegar a ser lo que cada uno de nosotros puede ser. Es una ayuda primordial para que nuestros talentos fructifiquen.

El afán de superación es lo que nos lleva al triunfo. Las personas (y cuantas veces hemos visto que esto les sucede a nuestros hijos…) que temen el fracaso, no suelen esforzarse lo suficiente. Dicen: ‘No importa! De todas formas no estaba haciéndolo lo mejor posible’ Es un desperdicio (y una desesperación para los padres) no saber lo que son capaces de hacer en realidad.

Por lo general, nuestros hijos son muy talentosos en muchas áreas creativas, en deportes…¿Quizás sería una buena idea aprovechar cualquier oportunidad para hablarles y mostrarles que sí son capaces de dar lo mejor de si mismos cuando su auto motivación les empuja a superarse?

Si no, harán las cosas a media, ya lo sabemos, y abandonan. Esto lleva a una espiral de pensamiento tipo: nada me importa gran cosa, yo mismo no importo gran cosa. ¿os suena?

¿Que podemos hacer para ayudarles? Yo os diría: probar, probar y probar. Abrirles nuevos horizontes, nuevas posibilidades de actividades, de lecturas, de salidas…hasta que se enamoren (literalmente) de algo que les llame poderosamente la atención. Aquello donde se sentirán comprendidos, admirados, apreciados. Nosotros también deberíamos hacerlo, por cierto.

Cuando adopten el afán de superación, se esforzarán en hacer hoy lo que ayer no conseguían, porque no les perturba errar, porque están dispuestos a intentarlo por ellos mismos, porque no se contentan con dar menos de lo que ellos saben, en su corazón, que pueden dar. Y si hablo del corazón, e insisto, es porque para mí, superarse no está tan relacionado con hacer cosas sino con ser uno mismo. Y lo que nos motivará para conseguirlo solo puede salir de nuestro rincón más profundo.

Por eso, nosotros, los líderes de nuestra familias, hemos de estar atentos y cumplir con nuestra labor de facilitadores de oportunidades, de encuentros, de sorpresas, de sueños…

¿Qué vamos a hacer mañana por ellos que hoy no hemos hecho?

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BENDITA PACIENCIA

¿Quién no ha tenido en su vida algún momento en que racionalmente ha decidido ser paciente? ¿Y que le movió para serlo?

A mi me resulta muy fácil ser paciente cuando entiendo lo que está ocurriendo en mi momento presente y decido, porque lo he reflexionado, que puedo esperar.

Es decir que, en esos momentos, la paciencia es una esperanza tranquila y una expectativa basada en la confianza de que, al final, todo saldrá bien.

Puedo soportar un retraso o una situación conflictiva sin quejarme. Demuestro autodominio, porque sencillamente entiendo que no puedo controlar la manera como los demás actúan, ni cuando la cosas no salen como a mí me gustaría. Por ejemplo: si no encuentro entradas para ir al cine en el horario que yo quiero, escojo sin problemas otras para otro horario; o, si en el taller donde he llevado el coche a revisión me dicen que tendrán dos días de retraso en la entrega porque faltan unas piezas, sé cómo organizarme para que este hecho inesperado tenga el menor impacto posible en mi vida cotidiana.

PERO…¡cómo me cuesta ser paciente con la gente que tengo más cerca, con la que a veces me necesita más que a nadie! Hay momentos en los que no entra la racionalidad en ningún hueco de mi cerebro y mi mente ignora directamente la paciencia.

Un buen líder practica la paciencia con los miembros de su equipo (y hasta consigo mismo), cuando entiende que se necesita tiempo para desarrollar competencias que les haga más productivos, se integren mejor con los compañeros, maduren como personas, y aporten valor.

Pero como padres de niños con TDAH ¿cómo podemos ser TAN pacientes como para permanecer tranquilos y mantener una expectativa basada en la confianza de que todo va a salir bien?

A mi me sirve pensar que la paciencia es un compromiso con el futuro (relacionado con mi post MI visión frente a tu NO intención). Es decir que es un actuar ahora de tal manera que más tarde ocurrirá algo bueno. También es soportar todo lo necesario para hacer que suceda (en esto momento pienso en la paciencia que tenemos que ejercitar con el entorno que nos rodea y que en ocasiones es tan poco comprensivo con nuestra realidad: parientes, colegas, amigos…).

La paciencia es ver el final en el comienzo, haciendo lo que puedas y luego esperar tranquilamente, con confianza en que los resultados vendrán.

¿Para qué practicar la paciencia?

Se me ocurren dos motivos esenciales: el primero, porque persigue algo bueno, y nos puede aportar algo de calma dentro del torbellino diario en el que nos precipitan nuestros hijos.

El segundo, porque la paciencia es un comportamiento visible, por lo tanto imitable y nuestros hijos necesitan verlo a diario. Ya sabemos todos que una de las características de nuestros TDAH’s es que son MUY impacientes. Lo suelen querer todo YA. Se les vuelve costoso emprender tareas cuyos resultados solo se podrán ver más tarde,  acabar un plan que lleva mucho trabajo…

Al no tener paciencia, no soportan tener que esperar, protestan, rehúyen su responsabilidad,  lo complican todo, y por eso mismo acaban alterándose y alterando a los demás. De repente estamos todos furiosos (nosotros porque no percibimos su reacción a nuestras peticiones, ellos porque no controlan su impulsividad) e irritables si se tuercen las cosas o surgen los  errores.

¿Cómo se practica la paciencia?

La paciencia se practica aceptando que no todo puede estar bajo control. Es decir, que aun sintiéndonos impacientes por dentro, somos capaces de actuar con calma y serenidad  y aceptamos tener que esperar por algo que sabemos que merece la pena. Tenemos fé en que al final las cosas saldrán bien.

¡El sentido del humor (y no el sarcasmo o la burla encubierta) ayuda! Ante los errores, meteduras de pata, y salidas de tono de nuestros hijos, el afecto y la comprensión nos ayudarán a mantenernos tranquilos, a luchar contra esa imperiosa necesidad que a veces sentimos como padres de que todo esté perfecto (uf! Que palabra más fea…).

La paciencia nos ayudará:

–          a no abandonar lo que intentamos hacer, por muy difícil o pesado que resulte

–          a perseverar en nuestros planes hasta terminarlos, aunque no recibamos la recompensa por todo nuestro esfuerzo en mucho tiempo

–          a sentirnos dispuestos a fijarnos metas para el futuro, sabiendo que serán entonces cuando se vean recompensados nuestros esfuerzos

En resumen: LA PACIENCIA CONSISTE EN TENER METAS Y REPRESENTARSE EL FINAL AL COMIENZO

Y permitidme que haga una brevísima reflexión. No caigamos en la confusión entre tener y practicar la paciencia (que es una decisión, un pensamiento activo con un propósito) con la pasividad o el pasotismo (donde nos dejamos llevar). Siempre, en todo momento, hemos de ser conscientes de cual es nuestro estado de ánimo y luchar para no desenfocarnos. Nuestros niños, nuestra familia, nuestros equipos dependen de nosotros.

Un abrazo muy fuerte para todos y FELICES FIESTAS!!

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Hace un año ya…

Queridos todos, hoy este post tiene una fuerte carga sentimental y personal.

Hoy hace un año decidí poner en práctica una frase que leí en el libro ‘Madera de Líder’ de Mario Alonso Puig. Decidí ‘lanzarme al universo’ y esperar a que el Universo me contestara de alguna manera…Esto no ha sido una super idea mía…  Lo cierto es que me sentía con ganas de hacer algo por mi entorno. Podría decir que es mi particular proyecto de Responsabilidad Social.

Pensé que, sabiendo de Liderazgo y siendo madre de un niño TDAH podría plantear un enfoque distinto a esta realidad que nos toca a muchos. Desde mi lugar en esta vida, con toda ilusión y cariño.

Y ahora me toca decir GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.

A lo largo de este año he podido constatar que hay muchas, pero que muchas personas, tanto padres como profesionales, y asociaciones, que están trabajando duro por hacer visible el TDAH en el mundo entero, que luchan para que la sociedad entienda el TDAH como otro elemento de diversidad que puede aporta mucho valor.

Me siento feliz de hacer parte de esta gran familia y animo a todos lo que todavía se mantienen un poco o un mucho al margen, a que compartan sus experiencias con los demás. Esto solo puede aportar cosas buenas. En mi caso particular, estoy sorprendida y agradecida porque he podido comprobar que muchas más personas que las que yo me podía imaginar aprecian mis artículos.

Para este segundo año de vida de mi blog, he decidido que me voy a centrar en hablar sobre valores. En cómo los valores pueden ayudarnos. Y por supuesto que intentaré adaptar mis posts a la situación diaria que tenemos.

El valor de los valores es que suponen una fantástica ayuda para la convivencia entre todos, y además son una herramienta imprescindible para cuidar el proceso de maduración de nuestros hijos.

Ya sabemos que fisiológicamente, ciertas partes de su cerebro pueden ser hasta un 10% más pequeñas de lo normal. Esto tiene un impacto directo en su crecimiento como individuos, pues aunque a lo largo del tiempo el tamaño se puede nivelar, su proceso de maduración como personas se ve afectado. Los valores representan un soporte, un gancho, una base para su desarrollo.

Asi que mi propuesta (y compromiso) es analizar mes a mes un valor, los beneficios que nos aporta su práctica, y cómo podemos vivirlos y transmitirlos en nuestro entorno. Mi intención para el mes que viene es empezar con la PACIENCIA: ¿Qué os parece? Si alguno quiere hacerme alguna sugerencia, será más que bienvenida. No tengo ningún plan por adelantado, sino que he pensado dejarme llevar y preguntarme en que valor flaqueo, para de paso, ayudarme/animarme a mi misma…

Para los que no lo sabeis, los valores tienen una íntima relación con las emociones. Y a mí me gustaría poner algo de inteligencia práctica para que nos sean útiles y nos consolidemos como adultos y ejemplos de nuestros hijos.

Os mando un abrazo muy fuerte a todos y, de nuevo, GRACIAS!

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X JORNADA sobre TDAH 13 de Diciembre en Madrid

Hola a todos, este es el programa de la X Jornada sobre TDAH.

Como siempre, os animo a que vayais. El programa es atractivo y sin lugar a dudas, nos ayudará a cada uno de nosotros escuchar y compartir. Un fuerte abrazo

X Jornada TDAH Madrid 13 Diciembre 2012

 

 

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Somos tus padres…y no lo sabemos todo.

Hola a todos. Esta semana me ha tocado en tres ocasiones hablar de Comunicación No Violenta,  un estilo de conversación que me gusta mucho por la profundidad que tiene y el esfuerzo (y consiguiente premio) que supone para los que la practicamos. Es un estilo de comunicación muy útil en diversos entornos. Os recomiendo su lectura. Su autor es Marshall Rosenberg.

Esta breve reseña para deciros que en este post, me gustaría focalizarme en nosotros, los padres, los líderes de nuestras familias para que volvamos a reflexionar en cómo les hablamos a nuestros hijos.

Si a veces percibimos una reacción incomprensible de su parte cuando intentamos conversar con ellos, mejor empecemos haciéndonos a nosotros mismos estas preguntas: ¿hemos hablado con el tono adecuado? ¿hemos usado correctamente las palabras que teníamos en mente? ¿qué queríamos conseguir exactamente con lo que les hemos dicho?. Recordad que nuestros queridos TDAH’s tienen desarrollado al extremo la facilidad de ponernos al límite en micro-segundos, y como consecuencia de ello empieza a salir por nuestra boca un discurso que si luego lo analizamos, ni nos entendemos a nosotros mismos. O por lo menos, esto es lo que me puede pasar a mí. Probablemente, podreis recordar algún momento cotidiano donde  parece que nuestros hijos nos están esperando para sacarnos de nuestras casillas. La mayoría de las veces, me pierdo a mi misma, pero sobre todo, acabo con una profunda sensación de tristeza. Estuve pensando que necesitaba otro encuadre para nuestras conversaciones (los de toda la familia), y que, tal vez, sería una buena idea ceñirme a una serie de frases para usarlas de forma cuasi automática cuando noto que empiezo a perder los estribos.

Puede parecer una receta express (entre otras cosas porque no quiero hacer un post demasiado largo), pero es que me gustaría más extenderme en unas cuantas reflexiones que nos animen a usarla.

He cometido un error ( o ‘me he equivocado’)

Lo siento

No estoy seguro/a

No lo sé

¿Me podrías ayudar? ( o’necesito ayuda’)

¿Me lo puedes explicar mejor? (no estoy seguro de haberlo entendido bien)

¿Y tú que piensas? o ¿que sugieres? o ¿qué harías?

Como líderes de nuestras casas, nos sentimos más cómodos dando órdenes y asumiendo que nos van a obedecer. Pero, ya deberíamos haber aprendido que los TDAH’s no escuchan, no retienen, no ejecutan, y nos enfadan. Asi no hay clima de confianza que sobreviva y tenemos que volver a empezar prácticamente todos los días y reconstruir lo poquito que hemos conseguido.

Es cierto que somos padres, que somos adultos, pero no impongamos todo. No todo tiene valor.

Ante una reacción inesperada, no estamos obligados a conocer la respuesta adecuada. Esto en teoría tiene fácil remedio. Busquemos la solución. Existe. Pero antes, habiendo declarado que no sabemos, (y podríamos reconocer que somos vulnerables, ignorantes), y nó con algún tipo de comentario que zanje la conversación (‘porque lo he dicho yo, porque esto es así y punto…) y que a la larga empobrezca la relación. Que duro resistirse, ¿verdad?

Hoy leía una frase que me ha gustado mucho: ‘Cuando te conviertes en padre, consigues el título de inmediato, pero la carrera la haces después’. Pues eso, no tenemos que saberlo todo.

Por lo tanto, ¿para qué tener esta batería de preguntas en la retaguardia?:

1.- Somos modelos para nuestros hijos (si, sigo con lo mismo): ¿queremos que cuando se equivoquen lo admitan, o se mantengan en una actitud improductiva y dañina para ellos?

Recordad que sus ‘para qué’s’ no existen. Mejor inculcarles comportamientos que les ayuden en su futuro…

2.- Hemos de mantener una actitud de aprendiz. No podemos saberlo todo como padres. Y menos aún de nuestros TDAH’s. Los que tenemos la suerte de haber recibido un diagnóstico temprano y certero podemos saber a qué atenernos, lo cual no significa que lo sepamos todo ya que este trastorno evoluciona de forma distinta para cada niño.

3.- El tema que subyace en este post es que en realidad mi reflexión surge porque están en juego la felicidad y el éxito de nuestros hijos. Las últimas preguntas son muy potentes para crear auto-estima, ayudarles en sus razonamientos, y prepararles para ser autónomos. Preguntando ¿Y tú que piensas? ¿Me lo puedes explicar mejor (con una sonrisa, con amor)? o ¿que sugieres?, no estamos declarando nuestra ignorancia. Estamos intentando darles alas. Nos importan sus ideas, sus opiniones y sus perspectivas.

4.- Estamos construyendo un ambiente de confianza, donde es posible (porque es real) no tener todas las respuestas. Estar ante un sabelotodo no suele agradar. Nos coharta, nos limita y nos aleja. Yo no quiero eso.

Como líderes, a veces tendremos contestaciones, por nuestra experiencia o competencias. Y cuando no es ese el caso, seamos curiosos, pongamos en marcha nuestros sentidos, nuestra intuición, y resultemos útiles e importantes para nuestros queridos niños.

Os deseo lo mejor.

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